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Duelo: aceptar lo inevitable y encontrar serenidad. El duelo desde la mirada estoica

Entre el dolor y la aceptación se encuentra el camino hacia la serenidad, que no nace de la acción de negar la pérdida, sino de comprender que nada nos pertenece, pero todo puede ser amado y valorado plenamente

El duelo no es solo la pérdida de una persona; también se vive ante el fin de una etapa, una relación, un sueño o una forma de vida. En nuestra cultura, se espera que “pasemos página” rápido, pero el dolor no obedece a calendarios.

En un mundo que glorifica la productividad y la imagen de fortaleza, muchas personas viven el duelo en silencio, sintiendo que deben ocultar su tristeza. Epicteto nos recuerda que la serenidad no viene de negar la pérdida, sino de aceptar que lo que amamos es, por naturaleza, transitorio.

1. La impermanencia de todo lo que amamos.

Problema moderno:
Vivimos como si todo fuera permanente. Cuando llega la pérdida, el impacto es devastador porque olvidamos que nada nos pertenece para siempre.

Respuesta de Epicteto:
“Cuando beses a tu hijo o a tu esposa, recuerda que besas a un ser humano; si muere, no te perturbarás”. (Enquiridión, 3).

Aplicación práctica:
Reconocer la fragilidad de la vida no es ser frío, sino amar más plenamente en el presente. Practicar la gratitud diaria por lo que tenemos, sabiendo que no es eterno, prepara el corazón para aceptar la pérdida con menos resistencia.

2. No son los hechos, sino nuestros juicios, los que nos hieren.

Problema moderno:
Después de una pérdida, nos castigamos con pensamientos como “No debí dejarlo ir” o “Podría haber hecho más”. Estas ideas prolongan y agravan el dolor.

Respuesta de Epicteto:
“No son las cosas las que perturban, sino las opiniones que tenemos de ellas”. (Enquiridión, 5).

Aplicación práctica:
Separar el hecho de la interpretación: la pérdida ocurrió; culparse no cambia el pasado. En vez de añadir sufrimiento con pensamientos de culpa, cultivar recuerdos amorosos y aprendizajes que honren a lo perdido.

3. Aceptar lo que no está en nuestro control.

Problema moderno:
En el duelo, tratamos de negociar mentalmente con lo ocurrido: “Si hubiera hecho esto…”, “Si pudiera retroceder el tiempo…”. Esto nos encierra en la frustración.

Respuesta de Epicteto:
“De las cosas, unas dependen de nosotros y otras no”. (Enquiridión, 1).

Aplicación práctica:
Aceptar que la muerte, el paso del tiempo y las decisiones de otros no están en nuestras manos. Nuestra energía debe ir hacia lo que sí depende de nosotros: vivir con amor, cuidarnos y reconstruirnos.

4. El tiempo y el sentido como aliados.
Problema moderno:
Se espera que el duelo tenga una fecha de caducidad, pero el proceso es único y personal. Las redes sociales, al comparar vidas, pueden aumentar la sensación de que “vamos atrasados” en sanar.

Respuesta de Epicteto:
“No busques que las cosas pasen como quieres; quiero que pasen como pasan, y vivirás sereno”. (Enquiridión, 8).

Aplicación práctica:
En vez de exigirnos “estar bien” rápido, permitir que el duelo siga su curso. Buscar sentido en lo vivido y en lo perdido es más sanador que apresurar el cierre.


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